miércoles, 15 de febrero de 2017

Verdades y palabras

Cuando las personas hablamos de “saber”, “conocer”, “buscar”, “descubrir”, “evolucionar” y de tantísimos otros conceptos, o sentimientos, o emociones, ¿cómo puede nadie saber qué cada una de esas palabras está significando para los demás?
“Saber”, por ejemplo, ¿qué esperamos cada cual del “saber”? ¿Por qué o para qué lo buscamos? ¿Para qué lo utilizaremos? ¿Qué esperamos de él? ¿Qué esperamos de nosotros mismos cuando lo tengamos? ¿Utilidad? ¿Utilitarismo? ¿Beneficio propio? ¿Beneficio para los otros? ¿Para qué el propio? ¿Para qué el de los otros?
Si las personas pudiéramos – más allá de las palabras y los “trucos” a que las palabras se prestan – leer el pensamiento de los otros, en limpio, desnudo de intenciones, quizá nos quedaríamos sorprendidos (puede que hasta aterrados) de saber con qué encantadora inocencia nos espantan.
Las palabras – sean escritas o habladas – no ofrecen especial dificultad a la hora de utilizarlas. Sólo hay que elegir las que se adecuen al gusto o al disgusto del destinatario (según queramos agradar o molestar) y meterlas en una coctelera en la que añadiremos tonos de voz, modulaciones, gestos, inflexiones, pausas, signos de puntuación (si es por escrito) y algún que otro detallito al gusto. Se agita, y ya está…
Tanto se puede decir “te quiero” como “te odio”, y a la misma persona, y lo dicho resultará exactamente igual de convincente siempre que se hayan elegido y combinado bien los ingredientes.
¿Pero cuál es la verdad?
¿Cómo puede, ni uno mismo y de sí mismo, reconocer que no va de farol como en un juego de cartas?
Y quien cometa la imprudencia de decir “yo no voy de farol” estará gritando, sin palabras, pero a los cuatro vientos, o su ignorancia o su mendacidad.
Esa frase tan por todos conocida de que “el tao que puede ser expresado no es el verdadero tao”. Sólo hay que sustituir tao por:
Amor
Verdad
Sabiduría
Bondad
Conocimiento
… la retahíla puede ser todo lo larga a que alcance la imaginación.
Las palabras sólo sirven para hablar del tiempo y pedir un café en una barra de bar, largo de café, en vaso, muy caliente…

Y muy poquito más.

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