domingo, 30 de abril de 2017

Texto 12.25

12.25 “A los cuarenta y nueve llega la etapa pacífica, debe aparecer la fe que contribuye a desprenderse de intereses que enturbian la visión hacia objetivos superiores”.
 
COMENTARIO DE EL AVENTURERO
Existía entre los hebreos del s.II a.C. un libro muy curioso, llamado el “Libro de los jubileos”, también conocido como “Pequeño Génesis”. Según este libro, el Plan Divino descansaba sobre el cálculo exacto de las semanas, el año común y el año “jubileo”. El cálculo de las semanas y del año común (había uno civil de 12 meses y otro religioso de 13) era muy parecido al nuestro: meses de 30 o 31 días, divididos en semanas de 7 días. Todas las fiestas caían en domingo, en el séptimo día. Pero existía además el “año jubileo”, que era el último año del ciclo de 7×7 años, es decir, el 49. De hecho, todo se basaba en el sagrado número siete. La historia del mundo se dividía y se explicaba en ciclos “jubileos” de 7×7 años (parte de este tipo de concepción cíclica del tiempo en base siete se puede observar todavía en los hechos destacados de la vida de Jesucristo según algunos comentaristas, a pesar de que en aquel tiempo el “Libro de los Jubileos” ya no era canónico entre los hebreos).
Sin duda, cada ciclo de siete años se celebraba de manera especial. Pero el “año jubileo” era “esencial para el Plan Divino”. A los 49 años algo, aunque fuera simbólico, tenía que pasar. Es posible que para los hebreos de aquel tiempo la vida, libre de las trabas en que caemos por engaño de los sentidos y de nuestras falsas creencias sobre la información que éstos nos proporcionan, comenzase su ascenso hacia lo divino. Que comenzara la Vida con mayúsculas, una vida en paz, una vida de sabio, libre de tensiones y preocupaciones falsas e inútiles, una vida llena de júbilo.
Comparado con esto, nosotros tenemos la jubilación, a los 65 años. Es decir, para nosotros la edad del júbilo, la vida en paz, comienza ¡a los 65 años! Parece mentira que tengamos una concepción de la vida a todas luces peor que la de hace 2.200 años. Pero bueno, veamos el lado positivo. En el momento que queramos llevar a cabo una revisión profunda de nuestro modo de vida e incluso de aquello a lo que llamamos “vida”, este libro nos podrá proveer de un buen modelo acerca de cómo hacerlo.

domingo, 16 de abril de 2017

Renta Básica

Leo el comentario de Paz 15 Abril, 2017 at 16:15 ― y mi primer pensamiento es que estoy absolutamente de acuerdo.
Se me enjareta sin embargo en mi cabeza – y no por rebatirla a ella sino, en una especie de diálogo interior, a mí y a mis opiniones ― la divagación de que si civilizaciones (o culturas, no sé cuál es el termino adecuado) como los griegos, o los romanos, o los aztecas o los incas, alcanzaron su cima y decayeron, llegará día en que también decaerá esta civilización occidental que vivimos y que parece el no va más de a qué puede aspirarse.
Tengo una idea más bien tirando a vaga de que aquellas culturas antiguas tuvieron algo que ― en mi apreciación ― no ha alcanzado la civilización que nos adorna y que es, ese algo, un sentido de trascendencia, de un “más allá” o un “otra cosa” que (aun con todos los defectos que también tuvieran y los errores y barbaridades que pudieran cometer) los incitaba a buscar satisfacciones y respuestas a cuestiones que se “despegaban” de la inmediatez de la pura subsistencia.
Puedo estar equivocada idealizando a aquellas gentes, pero creo no andar del todo errada en que hoy, nosotros, con todo nuestro bagaje cultural e histórico, con tantos siglos de aprendizaje sobre nuestras espaldas, con todos nuestros adelantos y tanta tecnología, sí andamos anclados en la  inmediatez de la subsistencia, o, véase si no, que el ombligo de todas las preocupaciones es, en todos los países y encarándola de formas más o menos alambicadas según sus circunstancias, llenar algo material o tangible o, concretando, los bolsillos los ricos y las barrigas los pobres.
Pienso que algo tiene que haber, o algo que suceder, que fuerce o propicie el que Occidente se replantee sus metas y, de rechazo o a más largo plazo, se las replantee ese Tercer Mundo que no parece aspirar a qué de más sustancia que imitarlo.
Qué forzase a ello pudiera ser ― fantaseo ―  que, al verse liberados gracias a la Renta Básica de la obligatoriedad de aplicar sus energías y sus inteligencias a procurar sustento a barrigas y bolsillos, y considerando que el ocio puede ser muy gratificante, pero acaba cansando y empujando a desear “otra cosa”, los humanos que vengan se viesen ante la necesidad ineludible de discurrir qué hacer con sus vidas, y con sus mentes y con sus sentimientos.
Muchos males que hoy nos aquejan desaparecerían.
Nadie mataría ni robaría porque para qué…
 Lo que se envidiaría y de lo que el avaro querría apropiarse sería de los hallazgos, los logros de los otros, su saber resolver el “vacío” a que abocase la ausencia de necesidades primarias.
Y sí, habría y “clases desfavorecidas”, y gentuza, pero de otra índole, con carencias más sutiles las primeras y menos rastrera la segunda que, además, no podría ser excesivamente cutre porque para ambicionar “según qué” ya haría falta estar siendo “según quién”.
Y así, de a poquitos ― despacito pasito a pasito, que vi al “artista” hace no mucho en el hormiguero y pensaba (para que se vea que pelín conocimiento del mundo sí que tengo) en carreras de motos; y como me quedé perpleja cuando escuché del enorme éxito quise escuchar la canción, y di un pasito más en el camino la perplejidad  ―, iba diciendo antes de perderme, la Humanidad irá, tal vez, cambiando de onda y de registros.
Así que sí. Renta Básica para todos y ya.

Nota:
Los comentarios, si los hubiera o hubiese, por favor en Otras Políticas.