lunes, 18 de septiembre de 2017

La voz y la palabra

Afrodita
18 septiembre, 2017
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La voz, las palabras, las inflexiones, la entonación, las pausas, los gestos de que se las acompaña, la forma de mirar al pronunciarlas. Todo ello lo tiene cada cual guardado, en su caja de herramientas. Sólo hay que, en cada momento, saber elegir las más convenientes, combinarlas bien y en consonancia con lo que se esté deseando trasmitir al que las escucha.
Algunas personas manejan con habilidad las herramientas, y resultan convincentes. Y logran los resultados que buscan.
Algunas personas no saben manejarlas. Y saben que no saben manejarlas ni distinguir cuál es ante cada situación la más adecuada, la que mejor encaja con el resto de los componentes del elenco que representará lo que quiere decirse y cómo quiere decirse. Pero saben sí que son peligrosas con sus dobles filos y sus inflexiones y sus pausas y sus gestos y la manera de mirar al pronunciarlas. Y tratan de evitarlas.
Algunas personas no saben manejarlas, pero creen que saben manejarlas.
Algunas personas saben jugar con ellas, con la voz y las palabras; pero saben también que como sólo se trata de un juego no hay que tomarlas demasiado en serio.
Los silencios, en cambio, son más reacios a prestarse a trampas y a juegos.
Más directos y más elocuentes.
La única verdad que cada ser humano puede regalar a sus congéneres lleva siempre y en todo lo alto, a modo de adorno, un lacito de silencio.

jueves, 14 de septiembre de 2017

LAICISMO, RELIGIÓN Y ¿ALGO MÁS?

Alicia 14 Septiembre, 2017 at 13:48 # 
Tecleo Papa Francisco en Facebook y ahí está, con tres millones de seguidores que, la verdad, me parecen pocos considerando que a fecha de 7 de abril de este año (lo busco también en internet, y corto y pego) “El número de católicos en el mundo asciende a mil 285 millones, un total de 17.7 por ciento de la población total del planeta y 1.0 por ciento más que en 2014, según las más recientes estadísticas del Vaticano.”
Me parecen pocos porque para tanto como se lo curra ― que como cualquier otro jefe de estado más (y el Vaticano no es otra cosa), hace lo mismo que cualquier gobernante para atraerse a las masas ―, aquí mismo, en esta España nuestra y sin ir más lejos, Podemos (por ejemplo) ya tiene más.
Y el papa no es tan distinto de Podemos ni le va en sus opiniones muy a la zaga.
El papa es comprensivo y acoge amoroso en su seno a los homosexuales, por ejemplo.
Es comprensivo con los terroristas de las FAR (por otro ejemplo), e insta al pueblo colombiano a perdonar, contemporizar y llevarse bien con quienes los masacraron durante lustros y ahora, encima, van a formar parte del gobierno de la nación y a percibir sueldos superiores a los de cualquier otro miembro del gobierno. Pero va, el pueblo colombiano, a escuchar sus homilías y quedarse con la boca abierta ante la sarta de desatinos que larga. Claro que, la masa es como es y lo que es, y allá donde haya algo vistoso que rompa la rutina y alegre el ojo pues allá que va tan contenta. Y al que le ponen un micrófono a boca qué va a decir si no que todo muy bien y muy bonito y que ha sido muy emocionante.
De las abortistas (por otro ejemplo) no sé que opina. Pero en su afán de abarcar y aumentar la clientela no me extrañaría que se mostrase también comprensivo porque, pobres mujeres, víctimas ellas de las circunstancias adversas que las llevaron a tomar tan dolorosa decisión y, en ocasiones, tan reiteradamente incluso.
En definitiva y por resumir. El papa, como representante de la iglesia, no es ni más o menos impresentable que cualquier político y cabecilla de no importa qué partido.
Pero, hay que ser comprensivo – en eso tiene razón – y hacerse cargo que todos ellos, todos, son unos hijos de su tiempo. Un tiempo en el que todo vale, a rio revuelto, tanto en la religiosidad como en el laicismo.
“Y ¿ALGO MÁS?”
Sólo se me ocurren dos soluciones: Unas tragaderas enormes o abrirse las venas.
Y, yo por lo menos, por lo de las tragaderas como que no entro y (a diferencia de Séneca) no tengo a mano una bañera. Y en seco y en frío me da (y mira que lo siento) como que no sé qué.
Vamos, que un problema.
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