lunes, 30 de octubre de 2017

Cielo y tierra

Volando se pasa el tiempo mientras que la vida repta, derechita hacia esa otra que de ser algo es eterna.

domingo, 15 de octubre de 2017

Texto 12.43

12.43 “Cada casta tiene sus sonidos que extrae del ritmo telúrico que pisa, cada hombre rueda al viento las palabras, las impulsa y las arrastra en simbiosis continua desde el giro de su rueda, los mensajes de su neocórtex y las memorias que alertan su mapa genético.”
 
COMENTARIO DE EL AVENTURERO
La energía de la tierra en los lugares donde habitamos nos trasmite unas vibraciones y sensaciones particulares con las que crecemos. Y parece que los idiomas que hablamos se configuraron a partir de estas vibraciones telúricas, entre otras cosas.
Imagino que también toda expresión artística, como el baile, la música, lo gráfico y pictórico, la arquitectura, se configura a partir de estos ritmos de la tierra. ¿En que se puede traducir?, en unas longitudes de onda, un pulso determinado, unos colores, una impronta energética…. que recoge cada pueblo, expresa y entrega.
Por otro lado el idioma no sólo lo configuran las palabras que decimos y su significado si no cómo decimos esas palabras, como las hacemos sonar, así que podríamos decir que hay muchas más lenguas o idiomas de lo que pudiéramos pensar. Y que los idiomas han recorrido el mundo junto a sus pueblos.
Cada hombre, a partir de su propio ritmo, de su visión de la realidad heredada de su cultura, y de sus memorias más profundas, está haciendo vibrar el aire, con sus sonidos y su mirada. Cada hombre habla un idioma. Y por tanto una lengua nunca debería marcar una frontera porque está abriendo un nuevo espacio en el aire y en la configuración holográfica de la realidad. Y es para todos, es para el mundo.
Todo está impregnado de vibraciones y ritmos y vibraciones. Cada uno de nosotros está preñando el aire. Tal vez no podemos comprender lo que significa que somos portadores de una información particular, única y compleja. Y probablemente tampoco entendamos la importancia que tiene. Intuyo que el cuidado, desarrollo e impulso de nuestros propios sonidos y lenguaje nos acerca a la libertad. Una libertad que conlleva una responsabilidad, que amplía el horizonte del mundo, recoge la herencia de los pueblos que lo han recorrido para seguir desarrollando e impulsando ritmos propios que nos hagan crecer, ser más libres, más abiertos, más auténticos, más del mundo entero, sin fronteras ni en la tierra, ni en el aire.