domingo, 18 de febrero de 2018

Texto 13.17

13.17 “El Destructor, que mira con cada uno de sus ojos las tres geometrías del tiempo, habría sembrado el mundo con la síntesis de la evolución, habría clavado el tridente como señal y atributo que de maestro a discípulo avivaría las luces de las metamorfosis en la historia poética de la aventura espiritual de la Humanidad.”
 
COMENTARIO DE EL AVENTURERO
Parece que un cierto determinismo impregna la evolución del ser humano. Un determinismo exento de tintes peyorativos, entendido como una cierta geometría que subyace y sostiene la realidad. Un plan o un programa que la dirige hacia donde ya es. ¿Cómo entender esto desde la razón? ¿Cómo comprender que las tres geometrías del tiempo: pasado, presente y futuro, coexisten? ¿Que no podríamos avanzar si no se produjese su simultaneidad? Que algo sólo puede llegar a ser si ya es… ¡Desde luego que colapsa nuestro pensamiento racionalista!
Shiva, el Destructor, sembró el mundo con la síntesis de la evolución. Y puede que, para que esa síntesis se pudiera desplegar, inventase el tiempo. Y que sólo recorriendo el tiempo sea posible la evolución.
Tres son los ojos de Shiva y poliédrica su mirada al contemplar simultáneamente las tres geometrías del tiempo. Tres puntas tiene el tridente que representa el conocimiento transmitido de maestro a discípulo, y que Shiva clavó como un faro en la oscuridad de nuestra ignorancia. La simbología del número tres está presente en casi todas las religiones a lo largo de la historia, y el atributo del tridente lo sostiene tanto Shiva como Poseidón, y hasta el mismísimo demonio. ¿Y acaso no representan lo mismo el tridente que la flor de Lis o la pata de la oca? El mundo está lleno de señales que nos indican el camino que debemos recorrer. Y para recorrerlo necesitamos atención plena, responsabilidad, y la máxima velocidad de la que seamos capaces. Porque, aunque resulte paradójico, ¡estamos hechos para llegar a ser!