lunes, 25 de junio de 2018

Octubre en el objetivo

Octubre es el nombre de la gata.
La he encontrado por casualidad (la foto, no la gata), y como he visto que estaba en la caja de galletas he querido ver adónde llevaba y me ha conducido, cosas de la vida con el calor que hace, a la página 172 de algo que, así al pronto, no he sabido reconocer que era.
Así que he ido dando hacia atrás, en esa luna que se ve fumando, y luego en la niña de comunión al lado de un rey, y así hasta llegar a  que es por lo que digo cosas de la vida con el calor que hace.

Nota: Puede que sea más cómodo ir directamente al Indice, aquí.


domingo, 24 de junio de 2018

Texto 14.15

Publicado por  el Jun 24, 2018 en Prólogo a la carta número catorce. Llamando a las musas.

14.15 “Merece la pena hacer una pequeña referencia al arte arquitectónico, y no en lo tocante al hábitat que el hombre se ha procurado en el cursar de los tiempos; el hábitat se relaciona con el confort, necesidades y capacidades de obtenerlo, y siempre ha sido y será tareas de técnicos y artesanos. El arte arquitectónico siempre se relacionó con formas y lugares (teatro) donde podía pasar algo sorprenderte, donde iban a producirse transformaciones inesperadas. Para ello se utilizaron espacios que lo propiciaran. Espacios construidos a base de materiales especiales que ya atesoraban características adecuadas a los efectos que se pretendían. No parece necesario arrastrar inmensas piedras por largos recorridos para construir incómodos vivac. Alguien había soplado secretos en los oídos de aquellos cíclopes obsesionados con el mensaje de los cuarzos, gentes que sin duda supieron que la combinación de espacios, radiaciones y vibraciones alertan los mensajes que vienen de cielo y provocan análogas señales en las bóvedas de los cerebros.”
 

COMENTARIO DEL AVENTURERO
La palabra teatro en griego clásico, significa literalmente “lugar para ver”.
Los teatros más antiguos que se conocen, se construyeron en base a una estructura circular, de la que casi dos tercios se destinaban a las gradas para los espectadores, en el centro había un espacio circular donde actuaba la orquesta, y en el segundo hemisferio del círculo, de manera frontal a las gradas, estaba el rectángulo dedicado a la skene, la escena. Entre las acepciones de esta palabra se encuentra “templo”. Los bailarines o coro actuaban en la parte de la orquesta (cuyo significado etimológico es precisamente grupo de danzantes) en cuyo centro había siempre una estatua dedicada al dios Dionisos. La skena estaba más elevada y era la zona donde actuaban los cómicos, personajes alegóricos o héroes, y los dioses. Estos últimos aparecían a otro nivel en pasarelas a mayor altura al fondo de la escena.
El teatro es pues un espacio arquitectónico dedicado exclusivamente a favorecer un encuentro entre lo divino y lo humano donde, para que lo divino se haga entender, precisa de que lo humano se vea alterado, transformado a través del rito dionisiaco. Era el coro, en danza, alterando su conciencia habitual, poniendo en movimiento su laboratorio celular, quien desde ese estado en tránsito o “de trance”, podía entender y traducir a los hombres el mensaje de los dioses.
¿Y qué es un coro? Quizá podemos definirlo como una multiplicidad en unión, en comunión, de varias fuerzas, que juntas forman una unidad y se proyectan como tal. Y en este caso lo hacen dentro de un círculo, como núcleo en movimiento de una forma idealmente perfecta o inmutable. Y me resulta interesante relacionar esta idea con el planteamiento que hace el autor sobre la arquitectura, pues ésta es matemática hecha forma en tres dimensiones. Y es interesante que lo dionisíaco de la representación se sitúe en el centro del círculo, como eje o como punto de conexión con lo desconocido. Pi es un número que se expresa en el círculo. Se ha encontrado en mediciones de construcciones arquitectónicas desde la antigüedad, como en las pirámides egipcias, pero en esas mediciones, matemáticamente sólo se ve de manera aproximada. Lo que quiere decir que la matemática conocida aún no llega a la idea de círculo perfecto, a aquello que como idea podríamos considerar inmutable. A pesar de eso, el hombre busca esas formas, quizá porque en él resuenen, y en ellas se reconozca.
Aparecen muchas cuestiones interesantes al respecto de estar dentro de uno u otro espacio. Puede que la forma geométrica y la proporción entre sus partes ejerzan sobre el ser humano una influencia potenciadora de su naturaleza. Pero si además hacemos vibrar esas piedras mediante, por ejemplo, un sonido, mediante voz y música, puede que esa impresión geométrica sea mayor, o llegue más lejos, que afecte a mucha más gente a la vez. Y ahí tenemos a la música formando parte del rito religioso y el teatro desde siempre. La física sabe que el sonido adopta en su viaje de resonancia la estructura o la forma del espacio que lo contiene, y rebota y se imprime así en lo que encuentra a su paso. Inevitablemente provoca una transformación en nosotros.
Al mismo tiempo la proyección de la luz, con según qué combinación de colores, tiene una repercusión directa en nosotros, pues también la luz se comporta como onda, y el color suena… Basta con observar los rosetones en las catedrales góticas, lugares de culto y rito, cuyos artífices seguramente conocían los poderes de su influjo.
Y el autor de este libro, abre una rendija hacia algo que se me antoja fascinante. Nos invita a entender todos estos hallazgos como mensajes que se corresponden con señales que vienen del cielo… Y ¿cuál será ese cielo?¿Aquel más allá de nuestra atmósfera, de conciencias que conocen que existimos y tratan de comunicarse? ¿Serán esos lo dioses? ¿Podemos nosotros contestarles y transformarles igualmente? ¿O pudiera ser ese cielo nuestra propia conciencia futura? Una y otra idea no tienen por qué ser incompatibles…
En cualquier caso, conocimiento, estudio e intuición parecen ir de la mano en el descubrir humano llevado a la acción.