sábado, 23 de marzo de 2019

Ni a favor ni con despecho

Destrozadas por el uso o esculpidas contra el viento se alejaban de nosotros con su paso sin quererlo las penurias que brindaron, en copas, de cristal fino y gruesos tallos en dedos que se aferran sigilosos procurando no ser ellos quienes en su tacto pálido sentenciaron no ser puestos de mando ni de perfiles, ni de carne ni de hueso, a la salud mortecina de sumarios irredentos, reflejando, en sus espejos, caras ocultas de lunas en noches que, sin luceros, lacerando el alabastro de labios que callan tercos, se derrumban desmedradas sin pulcritud ni resuello bajo el clamor encendido de luminarias de alientos exhalando, entre porfías, juramentos que ya nunca redoblarán a destiempo antes ni después ni contra, ni a favor, ni con despecho, de qué fue aquello tan raro, tan oscuro y tan perverso que las dejo a la deriva a merced de un pensamiento que no se supo de dónde, ni de quién, ni a qué pretexto, obedeció por ventura, o por desidia o por eso que se llama y que no acude mas que cuando ya no es tiempo ni de errar ni desdecirse ni de callar qué secreto.